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Instrucciones para dar cuerda al reloj

RB

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Julio Cortázar

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La primera vez

Para todo existe una primera vez: la primera palabra, la primer travesura, la primera de muchas veces en que mamá fue nuestra heroína, el primer raspón, la primer canción que nos atrapó, la primera vez que le echamos la culpa a nuestros hermanos, el primer beso, la primera vez que descubrimos un placer simple, el primer grano, el primer amor, la primer tontería con amigos (claro que hubo segunda, tercera, cuarta…), el primer “no lo vuelvo a hacer”, la primera vez en que nos dimos cuenta que la vida es más que la ilusión de pasarla bien, el primer paso…

La primera vez es también una mezcla de muchas emociones y sensaciones, y esta misma primer instancia puede llegar a determinar el concepto que tengamos de ahí en adelante sobre la experiencia que debuta. Pondré dos ejemplos diametralmente opuestos:
a) El primer dibujo que realicé (consciente y determinado a que me saliera lo mejor posible) fue bajo el marco de una “competencia” con un primo 4 años mayor que yo (yo tenía 7 años aprox.). La juez fue su hermana 2 años mayor que él, y bajo su criterio (y el mío actualmente) mi dibujo resultó ganador. Eso influyó en mi ego, lo que causó que continuara dibujando y, al sentir que lo hacía bien, hacía que me gustara aún más. Resultado: Concepto positivo
b) A la edad de 11 años —edad recordada tentativa— fui al hospital con mi madre para que me realizaran análisis de sangre. No recuerdo si en algún momento de mi vida me era indiferente el saber que mi piel iba a ser traspasada dolorosamente por una aguja de 5 centímetros de largo pero sí recuerdo que después de una extracción de 10 mililitros de mi sangre, siguió una sensación de debilidad y desmayo. Desde entonces la ansiedad y nerviosismo en relación con las inyecciones y extracciones de sangre, se agudizaron. Resultado: ¡Dejen mi sangre en paz!

Sin embargo esta primer impresión, sea buena o mala, no necesariamente será así el resto de las veces que se presente la situación, puede cambiar con el tiempo; más que tiempo, a lo largo de él a través de nuestras actitudes, pensamientos y actos que llevemos a cabo con relación a la experiencia, esto se llama reestructuración cognitiva. Depende mayormente de nosotros.

Este blog es un primer paso, es la introducción “formal” a la vida escrita; al pensamiento hecho palabra, transformado en realidad, y en realidad que se puede transmitir y repetir atemporalmente. Es una primera vez que no sé si resultara en un concepto bueno o malo, sí es buena, procuraré que lo siga siendo, pero si resulta mala echaré a andar mi reestructuración para no quedarme con esa idea y con la decisión de que mi percepción mejore. Depende mayormente de mi.

Para todo existe una primera vez: la primer caída, el primer libro, el primer “hola”, el primer viaje inolvidable...